¿Y los demás qué?

Nos encontramos en una sociedad que a priori solo evalúa los niveles académicos de una persona, su formación, su experiencia, pero deja de lado los aspectos emocionales que tiene, la empatía, la asertividad, el autocontrol…

Parecerá una tontería, pero la calidad de un trabajador se puede ver MULTIPLICADA en función de su capacidad emocional, ya que la dedicación, implicación y esfuerzo que destine a la empresa, dependerá de su actitud. Y una persona que no sepa gestionar sus emociones puede perjudicar en gran medida a su equipo, desestabilizarlo y desmoralizarlo, no obteniendo los buenos resultados que podría alcanzar con ésas mismas personas.

La inteligencia emocional trata de hacernos conscientes de las emociones que sentimos, de aceptarlas y regularlas en el caso necesario, aunque también nos permite reconocer las emociones que sienten otros, pudiendo ser más comprensivos y respetuosos con ellos.

Pero… ¿somos conscientes de haber trabajo en algún momento estas capacidades emocionales? ¿Las hemos educado en algún momento?

Ya te digo yo…que nuestra generación no ha tenido esa suerte y a no ser que hayas acudido a un profesional donde hayas podido trabajar todo ésto, al final has tenido que ir superando los obstáculos que te has ido encontrando en tu camino como bien has podido y sabido, aprendiendo a posteriori y tropezándote varias veces con la misma piedra.

Cada vez se habla más de la Educación emocional

Pero siempre centrada a los niños (algo lógico si queremos que en un futuro se conviertan en adultos completos), pero y ¿qué pasa con los adultos? ¿no deberíamos también aprender a gestionar las emociones? ¿No deberíamos potenciar la inteligencia emocional tan carente que tenemos?

Puede haber muchas personas que sin duda no le den importancia a este aspecto, pues a lo largo de su vida han podido ser resolutivos y salir de las difíciles situaciones de la vida sin “represalias emocionales” (que lo mismo las tienen pero no lo saben porque no han mirado dentro de ellos) pero hay otras muchas personas que con situaciones de ansiedad, pérdida de un familiar o un amigo, una ruptura sentimental, una enfermedad… SÍ se encuentran perdidas, tristes y desmotivadas, que no saben salir de esa situación simplemente porque nadie les ha enseñado.

Los adultos sabemos gestionar nuestras emociones cuando se encuentran en un entorno afable y de control, pero cuando no es el caso, si no han trabajado éste tipo de inteligencia emocional, tendrán que aprender, tendrán que educarse emocionalmente.

Un proceso que no se aprende en un día; es un trabajo diario.

¿Y cómo se hace?

Hay infinidad de técnicas que ayudan a conocernos mejor, a ponerle nombre a nuestras debilidades y a nuestras fortalezas, a desenterrar nuestros miedos, a quererse tal como somos y no cómo queremos que nos vean, a conseguir ser la mejor versión de uno mismo y ¡mucho más!

Para al final, conseguir ser ¡el mejor para ti y dar lo mejor de ti!

La instrospeccion que puedes llegar a hacer de ti mismo es tan fuerte, que de verdad te empiezas a conocer y a entender. Se despiertan fantasmas de tu subconsciente que de verdad no sabías que existían… tienes mucho más dominio de tus emociones, o por lo menos las identificas mucho más fácil que antes.

Acudir a un psicólogo, (algo que por suerte se está dejando de estigmatizar en nuestra sociedad –dejando de llamarlos locos-), puede conseguir que las personas salgan mucho más reforzadas de como entraron, siendo mucho más fuertes, al tener que enfrentarse a su propio yo.

La educación emocional es esencial para mejor la inteligencia emocional, pero no sólo es cosa de niños, debe ser para TODOS. ¡Hay mucho que trabajar! ¿Te apuntas?

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