Volver a empezar de nuevo

Dicen que los comienzos no son fáciles, requieren tiempo, paciencia y dedicación. Pero ¿Cómo puedes volver a empezar de nuevo? ¿Acaso alguien nos enseña o tu empiezas a andar intentando no caerte?

Han pasado casi 3 meses desde mi último post y echando la vista atrás para contaros la historia de hoy, es necesario hacer un pequeño resumen de todas aquellas cosas que han cambiado en esta aventura.

  • La amistad es un preciado valor que a veces la encuentras cuando menos te las esperas – sin limitaciones de fronteras, razas, culturas o idiomas.
  • Porque la valentía siempre ¡la llevas dentro!
  • La estabilidad no existe porque en cualquier momento el mundo que conociste, con las personas con las que lo viviste puede desvanecerse.

Por lo que me harté de trabajar la paciencia, la frustración y hasta aprendí a decir que no. ¿Lo peor de todo? que durante este tiempo se fuera una persona muy especial, con lo que no hay día que no me acuerde de ella y de lo que… Te echo de menos, abuela.

Con todo esto a mis espaldas, (los más cercanos saben que no ha sido un camino fácil) sigo andando y por supuesto sigo aprendiendo de mí y de los demás.

Ahora vuelvo a comenzar una nueva etapa

Por lo que toca analizar los inicios del proceso, los primeros pasos y de esa curva de aprendizaje de la que tanto hablan.

Y es que comenzar desde cero es una de las cosas más difíciles de hacer en la vida, el empezar un trabajo, una separación emocional, un proyecto personal que no sabes si triunfará…

Porque no solo me estoy refiriendo a la idea que lo hace posible, me refiero a ese primer día en que te sientas enfrente del ordenador en una empresa nueva y tecleas tu primer mail, o la primera vez que duermes sola en casa, decides salir a correr o tienes que conducir sola en el coche…

Hay muchas primeras veces, muchísimas a lo largo de la vida.

Emprender un negocio, cambiar de empresa, dirigir un equipo, hablar en público… esos principios dentro de los “duros que pueden ser” se buscan por una motivación, mejorar, cambiar, ¡por lo que sea!

Pero luego vienen los comienzos obligados, los que duelen de verdad, aquellos comienzos que tienes que hacer si o si, cuando alguien se va y ya no volverá.

Pero de esos inicios, ya hablaremos más adelante.

Siempre digo que los seres humanos somos seres de costumbres, nos creamos hábitos porque necesitamos rutinas y sentirnos en esa pequeña burbuja de estabilidad.

Ahora sitúate en ese momento en que tuviste que hacer algo por primera vez, ¿te acuerdas?, ¿de los nervios?, ¿la ilusión?, ¿las ganas?, ¿un poquitín de miedo?

Existe ese momento y día a día, vas viendo como esas sensaciones se van convirtiendo en lecciones de aprendizajes, comportamientos, metodologías y experiencia que te hace convertirte en la persona que después de un año, o dos, domina la materia.

Es entonces cuando realmente ves que la famosa curva de aprendizaje, la has recorrido, poco a poco, con ayuda de tu entorno y con tus recursos y habilidades que llevabas en tu mochila.

¿Pero y si nadie te ayuda? (y sabéis que odio los “y sis”)

Los principios no siempre son buenos, cuestan, y aun siendo proyectos que apasionen, no por ello son principios de cuento de hadas.

Volver a empezar de nuevo, ha sido y está siendo muy difícil para mí, volver a trabajar, a sentirme cómoda, o dominar las tareas, a crear un equilibrio laboral-personal que tantas veces cuesta encontrar y a seguir haciendo todo aquello que me apasiona, como escribir, crear proyectos donde reconectar con las personas, investigar, bailar, al fin y al cabo a seguir soñando con la ilusión en las cosas que hago.

Volver a empezar no es fácil, y no siempre es una elección, pero hay que tener determinación para seguir andando y si hay algo que no encaje, cambiarlo si depende de ti.

Soy autoexigente e intento siempre dar lo mejor de mi… pero a veces no todo depende de uno mismo, depende de otros. Y es complicado empezar algo nuevo sin acompañamiento, sin un guía ni un camino, porque lo único que consiguen es que te sientas perdido.

Es verdad que no siempre te pueden llevar de la mano, que hay caminos que se andan solos e incluso, mejor solos que mal acompañados; pero en algunos procesos se agradece esa compañía, porque es lo que determinará la forma de aprendizaje.

Si lo absorberás o al final se quedará en un simple recuerdo que quieras olvidar.

ACEPTEMOS lo que no depende de nosotros y CAMBIEMOS lo que sí depende de nosotros

Porque siempre, siempre, de una forma u otra nuestro cuerpo somatizará nuestras emociones.

El corazón siente, el cerebro piensa y el cuerpo habla. A veces solo prestándole un poco de atención podemos detectar qué nos hace mal, qué debemos cambiar o qué camino debemos tomar.

Nuestro cuerpo terminará expresando lo que nos pasa. El estrés, la ansiedad, la excesiva responsabilidad, la tristeza, la pérdida de autoestima… el cuerpo siempre será capaz de decirnos con síntomas físicos lo que nos ronda en la cabeza y en el corazón, ¿Por qué acaso puede existir uno sin el otro?

Lo que tengo claro es que nunca vuelves a empezar de CERO. Aunque desconozcas el terreno, no conozcas a nadie, sea absolutamente todo nuevo… lo que ya hayas aprendido, lo que hayas antes vivido y todo lo que hayas gestionado en otros entornos, te servirá para enfrentarte a esa situación, te servirá para seguir caminando y volver a empezar de nuevo.

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2 comentarios

  1. Qué bueno tenerte de vuelta aquí después de tanto tiempo! Tus lectores te hemos echado de menos! A tope con el “nuevo” comienzo!!! 🙂

    1. Author

      ¡Yo también lo echaba mucho de menos! y os echaba de menos 😏
      Vuelven las emociones 😍

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