Empecemos por el principio. Emociones

Llevo meses diciéndome a mi misma “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”,  y es que salir de la zona de confort ha sido una de las decisiones que más me ha costado tomar. Dejar tu ciudad, tu trabajo, tus compañeras de piso, tu familia, tus amigos, tu gente… y con el añadido de no saber exactamente a dónde vas o a dónde vas a llegar…

Entiendo, que depende del tipo de persona que seas lo puedes llevar mejor o peor, yo soy de las que no arriesgo mucho, no soy demasiada aventurera y soy bastante precavida, por lo que lo de trabajar 6 meses para viajar los otros 6, no va para nada conmigo.

Y aún así, me fascina que el único factor que me ha desestabilizado mi forma de pensar, de hacer y de creer, ha sido el Amor. Si, ese sentimiento… algo intangible que solo sientes y nunca se entiende, que te hace hacer cosas que jamás hubieras pensado, que te cambia ideas férreas que creías inamovibles o que modificas hábitos de conducta que durante muchos años has ido interiorizando.

De ahí, lo de que el amor mueve montañas, algo que nunca me había creído…aunque como me dijo una amiga… ¿si no lo haces por amor, por qué si no lo vas hacer?

Y así empezó esta gran locura, digo ¡aventura!

No fue nada fácil. El amor tuvo que combatir y vencer al miedo, y sigue habiendo días que debe hacerlo.

Desde aquel día hasta ahora, han pasado 2 meses y medio.

Dos meses y medio (a veces eternos a veces no) desde que pedí una excedencia, desde que dije, ¡Necesito parar! ¡Necesito cambiar! ¡Quiero intentarlo! Dejar de hacer lo que ya sabía hacer muy bien, para probar todo lo que llevaba mucho tiempo pidiéndome a mí misma (una carta me lo recordó tras 7 años) aunque eso implicara salir de mi zona de confort, aunque eso implique que pueda salir mal.

Nace el MIEDO, siempre el miedo a…

Llevo ya casi 4 años en un proceso personal que me ha hecho conocerme mejor, disfrutar de la persona que soy y conseguir ser (en muchas ocasiones) la mejor versión de mi misma. Aunque me sigue costando aprender a quererme, a concederme y a reconocerme lo que valgo.

He tenido que enfrentarme a emociones que me han destrozado, a recuerdos que me seguían haciendo daño y que no sabía ni qué seguían en mi mente, limitaciones personales que sólo me las he impuesto yo. Y al final de todo esto, he tenido que aprender a gestionar mis emociones, he tenido que vivirlas, entenderlas y comprenderlas, para poderlas dejar salir.

Cada uno de nosotros

A lo largo de su vida, ha tenido una serie de vivencias que ha podido gestionar cómo bien ha podido (porque cada uno lo hace como sabe y cómo puede) con sus recursos y con el apoyo (si lo tiene) de su entorno.

Por eso, os pido disculpas si entre mis líneas veis vuestras palabras, pues yo no sería como soy, SIN VOSOTROS, vuestra esencia estará marcada en todas mis líneas; lo que yo he vivido, lo he ido viviendo con mis amigos y mi familia, mis sentimientos, mis emociones han nacido de esas experiencias que he necesitado compartir.

Por ello, intentaré no hablar de nombres aunque si de emociones.

De todo lo que me he propuesto hacer este año, hay algo vital que necesito verlo hecho realidad, y es escribir, escribir mis cuentos, mis reflexiones, mis miedos, analizar las emociones y los sentimientos  para ver cómo gestionarlas, vivirlas y conseguir dejarlas fluir.

Me ayudará a seguir CRECIENDO y lo mismo podrá ayudarte a ti.

No soy psicóloga, ni educadora, ni experta en inteligencia emocional, pero llevo tanto tiempo aprendiendo a gestionar mis emociones que seré, con todo el respeto a todos esos profesionales tan necesarios, una sencilla escritora de emociones.

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