Llevo dos semanas en otro continente, en otro país y en otra ciudad, totalmente fuera de mi zona de confort, en una situación donde no controlo nada más que lo que dependa de mí (y a veces ni eso).

Edificios nuevos que nunca he visto, parques, tiendas y cafeterías propias de la ciudad, rutas y caminos para llegar a mi “casa” o ir a la academia que nunca he recorrido, aprendiendo nuevos nombres de estaciones de metro o números de autobuses, hablando con personas que no conozco de nada en otro idioma que no es el mío y de diferentes partes del mundo…

Absolutamente, todo es nuevo.

Echo de menos mi cama, mi decoración, el aroma de mi casa y el de mi gente, extraño mi hogar aunque solo haya sido por 4 meses, las calles que conozco o los sitios a los que he ido y podido comunicarme de forma natural. Echo de menos los abrazos, las sonrisas conocidas y los ¡besos!

Lo único que me “transporta” un poco a mi zona de confort son mis fotos, mi música y mi ropa.

Todo, todo es nuevo

Lo pienso… lo mastico… y aunque parezca que me da miedo y de verdad que lo echo mucho de menos, estoy bien.

Hay tantas cosas que estoy aprendiendo, de aquí, de mi, de otros… que necesito hablar de ellas, de la toma de decisiones, de las prioridades, de salir de la zona de confort, de ponerse a prueba, de la valentía, de las relaciones, del echar de menos, del concepto del tiempo, de la actitud de uno, del batiburrillo de emociones que se acumula, de la soledad, la frustración, las presiones sociales, los retos, de cómo es posible que auténticos desconocidos de diferentes países y distintas culturas piensen igual sobre algunas cosas o sientan lo mismo a la vez.

Tengo tantos estímulos que es difícil concentrarse… es curioso cómo puedes echar de menos tantas cosas de tu vida pero al mismo tiempo acostumbrarte tan rápido a otras, adaptarte a pesar de los nervios, el miedo, la incertidumbre y el idioma.

Cada día es una aventura y aunque poco a poco me vaya adaptando a esta nueva realidad… me muevo en un mundo (por mi situación) donde creo que la regla principal es estar en constante cambio.

Cada semana, entran nuevos protagonistas y salen otros ya convertidos en personas especiales, quizás amigos, quizás pasajeros de una única parada.

Todos te relatan su historia, su por qué de la decisión de estar aquí, hablan de su visión vital y comparten sus experiencias… y ¡tenemos tanto que aprender!

Somos diferentes pero taaan iguales

Porque lo que para mi es normal, para otra persona no lo es… la homosexualidad, los afectos de cariño en público, dar dos besos cuando te presentas, las relaciones de parejas, los viajes con amigas… para mi puede ser lo más normal, pero para un turco, un japonés, una brasileña o una francesa no.

Aunque me pregunto yo ¿y qué es lo normal? ¡Quién sabe! Porque lo que para uno es normal para otros es totalmente lo contrario… no hay regla que lo mida, a lo mejor, hay una experiencia vivida que te diga si lo repetirías o no, en función de si te gustó.

Lo que tengo claro de este tiempo, es que hay que diferenciar entre estar solo y sentirse solo, porque no es lo mismo. Un verbo lo cambia todo.

Puedes estar solo en momentos de la vida, ir y venir solo, viajar, pero no por ello debes sentirte solo. Nos acostumbramos a hacer todas las cosas con alguien y nos da miedo hacerlas solos ¿Por qué? Por ¿Timidez? ¿Ridiculez? ¿Miedo a la soledad?

¡Estar solo NO es sentirse solo!

Aquí no siempre estaré acompañada, aquí no siempre alguien querrá ver lo que yo quiera ver, visitar algún lugar o tomar café cuando yo quiera… debo aprender a hacer las cosas sola y no siempre acompañada, pues en la vida es uno mismo el que debe actuar, responder, ser, crear, hacer, ¡vivir! Nadie más que tú, es el protagonista de esta historia.

Pero como todo, esta lección de “sentirse solo” tal vez ahora aprendida, la llevaremos mejor o peor dependiendo del día, porque siempre hay barreras que superar, siempre hay conflictos que resolver, porque la vida en sí, es un constante cambio, un constante aprendizaje.

Estoy sola, pero no me siento sola… y eso es ¡Gracias a tí!

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